Cristianos Nuevos

Janaina Guimarães (Universidade de Pernambuco)

Los cristianos nuevos, descendientes de judíos o judíos convertidos al catolicismo, tuvieron un papel destacado en la colonización de la América española, y también, y fundamentalmente de Brasil. A pesar de los sufrimientos generados por la dispersión a finales del siglo XV, debido a la expulsión de los judíos (1496) y la conversión forzosa en el reino de Portugal (1497), estos hombres y mujeres ocuparon espacios donde los judíos no tenían posibilidad de actuación y permanecieron en el mundo católico ibérico, aunque bajo constante sospecha. Allí donde el judaísmo no estaba permitido, los cristianos nuevos se establecieron y comerciaron en nombre de los intereses de sus parientes y asociados, que se establecían en los lugares donde se permitía dicha práctica religiosa, principalmente en Ámsterdam (Wachtel, 2002). Estos comerciantes eran partícipes de redes heterogéneas, que incluían a cristianos viejos y protestantes, pero que contaban con familiares, amigos o personas de larga relación, lo que generaba la confianza necesaria para realizar grandes inversiones.

La Unión de las coronas ibéricas, iniciada en 1580, trazó nuevos caminos para los súbditos de ascendencia judía, cuya posición en relación con la crisis sucesoria no era homogénea. Estos cristianos nuevos, familiares o no, se ubicaron en las más diversas plazas comerciales del mundo entonces conocido, siendo responsables de buena parte de la financiación y el comercio de diversos productos en Brasil durante la Unión de las coronas ibéricas (1580-1640). Estos productos iban desde el trigo hasta las cuerdas, los utensilios, el papiro, el vino, la sal y todo lo que era necesario para la vida en las capitanías, y se intercambiaban por lo que interesaba o servía para el consumo europeo, como el azúcar, la gente esclavizada y la madera roja del Brasil, el palo brasil.

Si algo queda claro en la historiografía sobre el posicionamiento político de los cristianos nuevos en relación con la disputa por el trono portugués, es que no actuaron como un grupo homogéneo, tomando decisiones en función de intereses individuales o según sus redes. Un supuesto apoyo de los cristianos nuevos a Dom António, Prior de Crato, fue denunciado en la Primera Visita del Santo Oficio a Brasil. Francisca Fernandes comentó en su denuncia al visitador del Santo Oficio en Pernambuco un malentendido entre ella y Antônio Lopes de Olivença, un comerciante cristiano nuevo que también era un funcionário de la Alfândega de Viana (Primeira Visitação…, 1984: 96, 320). Este desacuerdo llevó a Antonio Lopes de Olivença a señalarla a ella y a André Magro como sirvientes de D. António, Prior de Crato. La gravedad de tal acusación puede palparse y, por ella, André Magro fue encarcelado en Vila de Olinda.

También se ha señalado que los cristianos nuevos estaban entusiasmados con la unión de los dos reinos, ya que eran los que más se beneficiaban del paso libre a España. Varios aprovecharon esta unión para su enriquecimiento, especialmente los relacionados con el comercio de esclavos, como Duarte Dias Henriques, señor de engenho de Pernambuco, que también participó en el comercio de tabaco, tan significativo para los intercambios realizados en la época (Primeira Visitação…, 1984: 473)[1]. Otro personaje importante que se benefició en esta coyuntura fue António Fernandes D’Elvas[2], que se convirtió en banquero de la Corona española, titular de varios asientos, contratos para la introducción de esclavos en América, ya que su hermano, Diogo Rodrigues D’Elvas[3], estaba en la Capitanía de Pernambuco como comerciante en este período (Boyajian, 1983). No se trata de una cuestión de lealtad, sino del interés de las redes, de los familiares o de algunas instituciones.  Para los cristianos nuevos, la cuestión no era tener Lisboa como capital, sino participar en un imperio que ampliaba sus posibilidades financieras y, simultáneamente, les permitía negociar mejores condiciones de vida en la Península.

La presencia de los cristianos nuevos en Brasil puede observarse a través de la propiedad de engenhos, la participación en cargos públicos, la recaudación de diezmos, en el tráfico de esclavos, a través de los diversos procesos inquisitoriales y en las listas generadas por las diversas pesquisas (Mello, 1996: 5). Sin embargo, su ausencia física no implicaba una ausencia de inversión en el comercio de Brasil, ya que muchos se dirigían estacionalmente a Angola, Lisboa, Madrid, Ámsterdam o alguna otra con interés comercial garantizado. Otros tenían residencia fija en Ámsterdam, Goa o Perú, y mantenían negocios directos con Brasil (Silva, 2012).

A finales del siglo XVI y principios del XVII, las denominadas Capitanías de Cima destacaron ante los cristianos nuevos, son: Bahía, Pernambuco, Paraíba e Itamaracá. Aunque tenemos la presencia de mercaderes cristianos nuevos, algunos señores de la tierra, sertanistas y jesuitas también en las capitanías del Sur, como bien se registra en la documentación de la Primera Visita del Santo Oficio a Brasil (1593-1595).

Algunos de estos hombres, aunque fuera de la vista del visitador Heitor Furtado de Mendonça, fueron denunciados, como es el caso de seis residentes en Espírito Santo, donde destaca el comerciante Francisco Roiz; cinco en la capitanía de São Vicente y otros cuatro denunciados residentes en Río de Janeiro. Es importante destacar que la defensa de Río de Janeiro, durante el ataque holandés a Bahía (1624) se hizo con una intensa financiación de los cristianos nuevos, poseedores de algunas de las principales fuentes del presupuesto portugués, representadas por los contratos del palo brasil, los esclavos de Angola y Cabo Verde. El entonces gobernador Martim de Sá, incluso sin autorización del reino utilizó las rentas del contrato de Angola, que pertenecían al nuevo cristiano Antônio Fernandes d’Elvas. (Salvador, 1976: 355).

En la capitanía de São Vicente, está el caso de Antônio do Vale Vasconcelos, un cristiano nuevo acusado de bigamia. Cuñado durante su segundo matrimonio del Capitán-Mor Vicentino Gerônimo Leitão, fue enviado por orden de su suegro, con el honor familiar marcado por la bigamia, a Río de Janeiro, para que desde allí fuera a Portugal, donde sería procesado. Sin embargo, años después, Antônio do Vale vuelve a estar en São Vicente, lo que señala la ineficacia de las denuncias a distancia, en aquellos primeros momentos de presencia inquisitorial en Brasil (Salvador, 1969: 89).

El establecimiento de los cristianos nuevos en Bahía está ampliamente documentado por las dos primeras visitas del Santo Oficio a Brasil. El conjunto de denuncias, confesiones y procedimientos resultantes demuestran el protagonismo de los cristianos nuevos durante la Unión Dinástica como señores de engenhos, comerciantes de esclavos, miembros de la Cámara y recaudadores de diversos diezmos. Muchos eran parientes de los cristianos nuevos pernambucanos y, en algún momento, se movieron entre las capitanías (Novinsky, 1972). El apoyo o no de los cristianos nuevos a la invasión holandesa en Bahía tampoco fue cohesionado. Aquellos cuyos negocios estaban más directamente vinculados a las redes transatlánticas apoyaron a los holandeses, mientras que los terratenientes, casados hace unas generaciones, no interesados en abandonar Brasil, se pusieron del lado de los españoles y portugueses (França, 1970).

En Bahía, destaca el caso de la importante familia de Violante Fernandes Antunes, de Matoim, en el Recôncavo Baiano. La matriarca, Ana Rodrigues, y sus hijas fueron denunciadas varias veces por mantener prácticas judaizantes y hacer de su casa un lugar de acogida para otros miembros de la comunidad judeo conversa de la región. Ana ya había muerto en el momento de la visita, en 1593, pero sus hijas fueron enviadas a Lisboa y procesadas allí. Incluso se juzgó el alma de Ana, que fue condenada y quemada en efigie en un auto de fe (Assis, 2012).

La capitanía de Paraíba se estableció durante la unión de las Coronas Ibéricas, gracias a los esfuerzos de particulares, entre los que se encontraban muchos cristianos nuevos residentes en Pernambuco, como Ambrósio Fernandes Brandão, Fernão Soares y Diogo Nunes. Fue una Capitanía de la Corona y su sede, Filipeia de Nossa Senhora das Neves, fue fundada en 1584. Todavía en el siglo XVII, Ambrósio Fernandes Brandão, autor del Diálogo das Grandezas do Brasil (Ambrósio, 1997), se resentía de la dependencia de los señores del Engenho de Paraíba del puerto de Recife, donde embarcaban sus mercancías. En su texto, exalta las posibilidades de explotación de la tierra, como una invitación a nuevos pobladores e inversiones en las tierras brasileñas.

La capitanía de Itamaracá, a finales del siglo XVI, era casi una extensión de la capitanía de Pernambuco, y el primer donatario de esta capitanía, Duarte Coelho, también la solicitó en sus cartas. Donada a Pero Lopes de Souza en 1534, Itamaracá abarcaba originalmente un territorio que se extendía a lo largo de veintitrés leguas de la costa de Brasil, desde la capitanía de Pernambuco en el norte hasta la Bahía de la Traición. En la capitanía de Itamaracá estaba la Freguesia de Nossa Senhora da Conceição, donde vivían los cristianos nuevos Felipe Cavalcanti, Beatriz Mendes, Branca Ramires, Guiomar Soeira, Baltasar da Fonseca, Violante Pacheca, Isabel Fernandes, Salvador Pireira, Branca Fernandes, Pero Vieira, Diogo Roiz, Branca Ramires, Francisco Soares, Jacome Lopes, Fernão Roiz, Fernão Soeiro, Isabel do Valle, Bartholomeu Roiz y Maria da Fonseca. La capitanía se extinguió en 1574, dejando la mayor parte de su territorio a cargo de la capitanía de Paraíba, que sólo se consolidaría, como ya se ha dicho, en 1585.

El establecimiento de los cristianos nuevos en la capitanía de Pernambuco se remonta a su proceso de fundación y colonización. Desde los años 40 del siglo XVI, los comerciantes Diogo Fernandes y Pedro Alvares Madeira llegaron aquí. Estos cristianos nuevos obtuvieron una sesmaria del donatario Duarte Coelho y pronto fueron seguidos por muchos otros cristianos nuevos, interesados en nuevos espacios de sociabilidad, alejados de la acción inquisitorial y con posibilidades de crecimiento económico. Las asociaciones entre estos hombres y los cristianos viejos se produjeron de diferentes maneras, sólo en el plano comercial, compartiendo contratos e inversiones, o en las relaciones de amistad y parentesco, tejidas a lo largo de casi un siglo de convivencia. Los enlaces familiares entre cristianos nuevos y cristianos viejos eran habituales desde finales del siglo XVI, y servían para un doble propósito: disminuir la ascendencia de cristianos nuevos de las familias y, a través del matrimonio, tener acceso a las tierras heredadas por matrimonio con los cristianos viejos.

En cuanto a la presencia expresiva de los cristianos nuevos en el comercio del azúcar en el período de la unión de las Coronas, es importante señalar una serie de restricciones. La prohibición del comercio con extranjeros se produjo en 1591, limitando la acción de importantes comerciantes que se encuentran en los archivos notariales de Ámsterdam como firmantes de varios acuerdos, a través de sus procuradores, para la negociación de diversas mercancías, entre las que destacan el azúcar, los esclavos y el palo brasil. Dichas restricciones formaban parte de una propuesta metropolitana que pretendía impedir el flujo de beneficios obtenidos, en su mayoría por extranjeros, a costa de sus colonias (Alencastro, 2000: 21).

En un intento de aliviar esta prohibición y al darse cuenta de que las carabelas que poseían no podían encargarse del transporte de azúcar en 1594, el rey autorizó a los barcos holandeses navegar hacia Brasil en dos flotas de veinte barcos cada una, que debían regresar directamente a Lisboa. Sin embargo, dicha autorización no fue suficiente para interrumpir el contrabando. Sabemos que muchos holandeses rompieron los acuerdos firmados y se fueron directamente al norte de Europa: legal o ilegalmente, la mitad o dos tercios del azúcar producido en Brasil a finales del siglo XVI fue transportado a Holanda, como se puede ver en los “Livros das Saídas das Urcas do Porto do Recife (1595-1605)” (Mello, 1993: 21, 145). Entre los cargadores, fueron reconocidos como cristianos nuevos cuarenta comerciantes, entre los que destacamos a Ambrósio Fernandes Brandão, Duarte Dias Henriques, Duarte Ximenes, Fernão Soares, Filipe Diniz do Porto, Francisco Lopes Homem, Francisco Rodrigues do Porto, Gaspar Fernandes Anjo, Gaspar Ximenes, Gomes Rodrigues Milão, Manuel Nunes de Matos, Miguel Dias de Santiago y Tomás Fernandes. Redactado por Sebastião de Carvalho, con fecha de 1608, el libro contiene el registro de varias urcas, sus porteadores en Brasil y sus consignatarios, supuestamente en Lisboa. Por lo tanto, muchos de ellos -a pesar de haber pagado sus impuestos en la capital portuguesa, como si hubieran llegado allí- desembarcaron de hecho en Flandes, Amberes, Hamburgo y Ámsterdam. Gabriel da Costa navegó de Angola a Pernambuco en un barco flamenco en 1594, siendo un “comerciante de paso” en la Rua da Rocha cuando tuvo lugar la Visitación (França y Siqueira, 1963: 147).

La Guerra de los 80 años (1568-1648), por la independencia de la república de las Provincias Unidas, fue el escenario de las relaciones comerciales entre las capitanías bajo dominio español y el norte de Europa, especialmente Ámsterdam. Varias restricciones, sumadas a las dificultades causadas por los ataques a los mares, fueron responsables del encarecimiento del transporte, generando un aumento de los costos para los comerciantes conversos involucrados en la exportación de productos brasileños. A pesar de ello, los beneficios superaban a los riesgos.

Lo que mantuvo a muchos cristianos nuevos en Brasil o involucrados en las relaciones comerciales con esa parte del imperio durante la Unión Dinástica fue la continuidad de los intereses económicos en el comercio atlántico, a pesar de las dificultades sufridas a principios del siglo XVII. Entonces, ¿cómo se beneficiaron estos hombres ante esta difícil coyuntura? A través de la diversificación de sus inversiones, participando en asociaciones con los miembros judíos de la comunidad portuguesa de Ámsterdam – con los que, además de los lazos comerciales, compartían toda una herencia cultural, como se observó en los diversos procesos inquisitoriales. Además, a través de la asociación con cristianos católicos y calvinistas, según la extensión específica de cada red.

A través de los testimonios inquisitoriales, podemos comprobar las idas y venidas de muchos cristianos nuevos a Ámsterdam. Cuando los expedientes inquisitoriales no revelan este desplazamiento físico sabemos, a través de los archivos notariales de la comunidad, que muchos cristianos nuevos tenían miembros de su red como representantes en esa ciudad. Las condiciones de la colonia proporcionaron a estos hombres una mayor interacción con los cristianos viejos de la colonia, al tiempo que les permitían mantener los vínculos con la comunidad judía de Ámsterdam.

Algunos judíos participaron en la Compañía de las Indias Occidentales (WIC), no con inversiones tan grandes como para imponer su voluntad al consejo de administración, encargado de administrarla y de sus conquistas. Algunos cristianos nuevos que partieron hacia Ámsterdam a principios del siglo XVII regresaron a Pernambuco durante la conquista holandesa, como es el caso de Duarte Saraiva, renombrado David Senior Coronel, que en 1635 ya estaba en Recife, como señor del engenho Santa Madalena, en la Várzea do Capibaribe. En su casa se celebraban temporalmente las reuniones de la comunidad judía, que fue creciendo paulatinamente hasta llegar a tener casi 140 miembros en una sola de sus comunidades. Hubo dos, hasta 1654, el Kahal Kadosk Zul Israel, en la Rua do Bom Jesus, funcionando primero en la casa de Duarte Saraiva y luego en un edificio propio construido entre 1640/1641 y el Israel y Magem Abraham, probablemente fundado en 1637, en la isla de Antônio Vaz (Mello, 1996: 231).

El punto álgido de la llegada de judíos a Recife fue después de 1635, tras el período más intenso de las guerras por la conquista del territorio. La vida de la comunidad estaba restringida por las normas del Consejo. Católicos, protestantes y judíos lucharon por el espacio para expresar sus creencias, lo que podemos ver en los documentos de la Compañía de las Indias Occidentales, más concretamente en las cartas del consejo político administrativo de la conquista al consejo general. Después de la capitulación holandesa en 1654, el edificio de la sinagoga Kahal Zur Israel, ahora excavado y abierto a los visitantes, fue donado al maestro de campo João Fernandes Vieira, por carta del entonces gobernador Francisco Barreto, redactada en Recife el 27 de septiembre de 1656.

Muchos cristianos nuevos de origen portugués se aventuraron en las tierras españolas de América ya en el siglo XVI, como el mercader Rodrigo d’Avila, un adolescente que vivía en Pernambuco en casa del flamenco Manuel Nunes y que, hacia 1594, cuando fue denunciado, dijo que partía hacia el Río de la Plata. Rodrigo se encontró entonces en el reino del Perú, en las mallas de la inquisición. (Silva, 2012:157). Otro caso de cristiano nuevo destacado que nos llega a través de la documentación inquisitorial es el de Luiz Gomes Barreto, comerciante de esclavos, residente y miembro del Cabildo de Cartagena, donde se estableció en 1590. La presencia conversa también está fuertemente documentada en la región del Río de la Plata, donde fueron llevados muchos de los esclavos que entraron en Brasil. La ciudad de Buenos Aires fue fundada por segunda vez en 1580, para evitar la infiltración extranjera y el tráfico ilícito entre Brasil, la provincia de Tucumán y los centros de extracción de plata. Los “peruleiros” se encargaban de abastecer estos centros y del flujo de producción. Muchos eran cristianos nuevos que participaban en la trata de esclavos y tenían bases en las Capitanias de Cima (Pernambuco, Paraíba, Itamaracá y Bahía), a las que recurrían para abastecer a los barcos con los suministros necesarios en las zonas de extracción de plata, principalmente con manufacturas europeas compradas con azúcar brasileño y con negros esclavizados traídos de Angola. El término “portugués” en Hispanoamérica se convirtió en sinónimo de “judío”, como también ocurrió en Ámsterdam. Es importante señalar que la mayoría de los cristianos nuevos, incluso en la América española, eran de origen portugués, lo que facilitó esta asociación.

Dos cristianos nuevos, procedentes de Pernambuco, tuvieron gran importancia en el desarrollo del tráfico de esclavos en las posesiones españolas, sin que por ello se establecieran allí: Antônio Fernandes d’Elvas y Duarte Dias Henriques, ambos vinculados a Diogo da Veiga, uno de los principales contrabandistas de la época, comerciante portugués de origen cristiano nuevo establecido en Buenos Aires, con miembros de la familia establecidos en Madrid con corresponsales en Portugal, entre los que se encontraban Jorge Lopes Correia y João de Argumento. Este contrabando de esclavos incluía no sólo a los mercaderes, sino también a los funcionarios reales, y a veces contaba con el apoyo de los propios gobernadores. Diogo da Veiga era el feitor de Antônio Fernandes d’Elvas y el apoderado de Duarte Dias Henriques. Diogo da Veiga tenía, prácticamente, el monopolio del negocio del puerto de Buenos Aires (Hutz, 2017).

Teniendo en cuenta la intensa presencia cristiano-nueva en Brasil durante la Unión Dinástica, es importante señalar que fueron las necesidades inherentes al inicio de la colonización las que hicieron que estos hombres se relacionaran con los cristianos viejos más allá de esta diferenciación, tejiendo contactos que crearan vínculos familiares y con la propia tierra. La llamada “élite azucarera” de finales del siglo XVI y de la primera mitad del XVII está llena de cristianos nuevos y un genealogista del siglo XVIII, Borges da Fonseca, cometió lo que Elias Lipiner llamará “Genealogicidio”, cuando intentó eliminar de los señores de Pernambuco a aquellos con trazas en su genealogía de cristianos nuevos, indios y negros, con lo que ya no podían entrar en las órdenes religiosas, principalmente en la Orden de Cristo (Lipiner, 1969). Sin embargo, cabe recordar que estos hombres que ganaron las sesmarias tampoco eran nobles, lo que también los descalificaría para diversos títulos y funciones, vinculándolos a una noción de pureza sólo por no ejercer oficios mecánicos, un problema que también se observará en otras capitanías. Para la comprensión de la dinámica de circulación de personas, culturas y materiales durante la Unión Dinástica, es importante señalar que, más allá de conseguir inicialmente entrar en las órdenes religiosas o afirmar la ausencia del supuesto defecto mecánico, los cristianos nuevos estuvieron intensamente presentes en la colonización y en las redes de comercio que se desarrollaron en lo que hoy entendemos como Brasil.

REFERÊNCIAS

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[2] BASE DE DADOS BRASILHIS. (2021). Redes pessoais e circulação no Brasil durante o período da Monarquia Hispânica (1580-1640). Recuperado de: http://brasilhis.usal.es/pt-br/node/1242

[3] BASE DE DADOS BRASILHIS. (2021). Redes pessoais e circulação no Brasil durante o período da Monarquia Hispânica (1580-1640). Recuperado de: http://brasilhis.usal.es/pt-br/personaje/diogo-rodrigues-delvas

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